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Avatar de jesus   jesus   08/02/2011 a las 07:28
Corriendo por Taipei
Foto: Corriendo por Taipei Hace tiempo que dejé a un lado los libros de ensayo (aunque eso es en realidad imposible), por motivos un tanto estúpidos o maniáticos, que por cierto, también tuvo Nietzsche para hacer lo propio. Y es que a veces no me gusta verme influido en mi manera de pensar sobre algunos temas por otra gente, por el mero hecho de mantener cierta originalidad o pureza.

Así que lo que voy a escribir ahora viene un poco a destiempo. Quería escribir sobre correr y un poco sobre estos días, pero me regalaron un libro de Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr, que va trata sobre lo obvio.

Sin embargo, creo que a pesar de los puntos en común, sigue habiendo suficientes diferencias como para sentirme a salvo de repetir palabras ajenas (cosa que por un motivo u otro, siempre me ha preocupado más allá de lo razonable).

Como sabe la gente que me conoce, pero quizás no los que hayan llegado acá por casualidad, tomé la decisión de venirme a vivir, o tratar de asentarme, en Taipei, hace ya casi tres semanas o similar.

En España, hace muchos años, tuve la costumbre de correr con distinta frecuencia en distintos momentos, por rachas. Tras mi viaje de 5 meses por Asia, volví a probar a correr por el parque del Retiro, con bochornoso resultado. A los 200 metros tenía un flato absolutamente insoportable.

Ahora que estoy acá sin trabajo, he vuelto a correr, rodeando un parque que hay cercano. Con ciertas compensaciones, más o menos cada vuelta es unos dos kilómetros. Ya voy por las cuatro vueltas, por lo que corro unos 8 Km, que está bastante mejor que los 200 metros que me batieron en Madrid...

Taipei tiene varias cosas contrapuestas: encuentras tradición y modernidad, un entorno natural increíble y un aire mayormente contaminado. Contaminación y modernidad frente a tradición y hábitos saludables. Una de las primeras costumbres que he adoptado en aras a una mayor salud es el uso de la máscara, para cuando voy de paquete en la scooter y a veces cuando simplemente voy paseando por la calle. Además, la comida que como está basada principalmente en vegetales y verduras. Y además, me he puesto a correr.

Pero no corro sólo por cuestiones de salud, ni para estar más fuerte, ni para ser más atractivo. Hay un gran número de personas que corre por estar más resultón, o por prescripción médica. Yo corro por algo que muchos, seguro que muchísimos corredores, comparten conmigo, y es una especie de afán de superación, de marcarse metas y demostrarse a uno mismo que es capaz de conseguirlas.

Que no se me malinterprete. Sí, corro en gran medida porque es una forma de autodisciplina, de superación constante. Pero ésa no es mi naturaleza, sino sólo parte de ella. Una persona a la que estimo mucho, que no sé si llegará a leer esto porque me lee de Pascuas a Ramos, cuando nos estábamos conociendo me mostró cierto desconcierto respecto a mi naturaleza, y formuló algo que yo ya sabía (aunque suponía mucho más universal), y que es una gran verdad: mi personalidad está formada de contrarios. Blanco y negro. Esto y lo otro. Una cosa y la contraria. Y respecto a lo que estoy contando en este momento, yo soy tremendamente vago, pero con momentos de sacrificio y entrega, aunque no sean tantos...

Precisamente como compensación de esta tendencia natural, me propongo hacer muchas cosas, para escapar del estatismo, y para mejorar mis condicinoces naturales. He leído a veces diversos contenidos y a buen ritmo tan sólo por mejorar mi (baja) capacidad de concentración. He escrito a veces tan sólo por pulir e investigar estilos, por coger ritmo de escritura. Y he corrido por hacer ejercicio físico, pero también y en gran medida por ver cómo mi cuerpo me pide parar, y yo tengo que hacer un esfuerzo (limitado en el tiempo, bastante concreto) para poder terminar esa vuelta al Retiro o esta cuarta vuelta que me dé los 8 kilómetros.

No sé cuánta gente que me lea puede comprender cómo me siento ahora. No terminé la licenciatura de informática porque mi interés en ella se iba disolviendo poco a poco... desde que empecé la diplomatura. He venido a intentar establecerme a un país interesante, atractivo, pero que no pone las cosas fáciles, y no sé si voy a encontrar trabajo. Uno se siente un poco perdido, sobre todo si se compara con conocidos, amigos y compañeros de estudio. Quien no se hizo profesor, coordina un grupo de desarrollo. Quien no, es consultor y muy bien pagado. También los hay que siguen formándose o estudiando mientras trabajan. Así también son abundantes los que estudian algún máster o realizan el doctorado. Y yo con mis humildes aspiraciones, y con un momento existencial delicado, en el que por otro lado ni trabajo ni estudio. Parece que necesitara un poco de orden y capacidad de disciplina. Y en parte, cuando corro, siento un poco de todo eso.

Y no sólo porque me autoimponga una actividad física, sino porque correr es una especie de metáfora de la vida. Seguir, avanzar, no caer. Y soy de los que creen que el cómo siente uno las cosas afecta a cómo se enfrenta uno a las cosas. Y sentir mi cuerpo trabajando, y esforzarme, me ayuda a contrarrestar ese derrotismo y esa vaguería naturales con las que he nacido, y que forman parte de mi naturaleza. Pero como digo, sólo parte.

Murakami decía en su libro (del que llevo leído la mitad) que cada uno es como es, tiene su naturaleza, y tiene que seguirla. Hay gente dotada y orientada naturalmente hacia la carrera, y gente que no, y obligar a correr a niños que no tienen por qué estar orientados a dicho ejercicio físico, es una monstruosidad. Mi punto de vista es diferente. Creo que un poco de disciplina, y una buena dosis de ejercicio físico no vienen mal a nadie, y menos precisamente a aquellos que se les atraviese alguna de esas dos cosas. Pienso que no hay que hiperdesarrollar aquello que se nos da especialmente bien y olvidarnos del resto. Un cuerpo y una mente equilibrados son cuerpo y mente globales, en las que todas las partes tienen al menos su cuota de importancia.

Pero no sólo estas cuestiones son las que hacen de correr algo positivo y gratificante. Cuando uno corre, una vez ha superado ese sufrimiento o dolor físico, siente cómo su cuerpo es una máquina regulable, que tiene unas capacidades de control y respuesta de lo más interesantes. Mientras uno corre, adquiere consciencia de su propio cuerpo, y va encontrado sus asimetrías, cómo las compensamos, y hasta la capacidad de corregirlas conscientemente. Mientras uno se explora a sí mismo, descubre sus ritmos, se cuestiona sus límites, y saca conclusiones al respecto. Y si hablamos de placer, el propio deporte nos sabe recompensar en ese sentido produciendo dopamina, que nos hará sentirnos especialmente bien tras una buena carrera.

Pienso dedicar a este ejercicio al menos uno de cada dos días acá en Taipei. Creo que lo necesito, por un lado para sentirme bien físicamente (esto junto con una buena alimentación y la máscara me harán vivir un poco más y mejor), y también por el sentimiento vital que me infunda. Lo necesito.

Volviendo a ese sentimiento vital... estos días corriendo, volvía a pensar en lo que se podía parecer la sensación al correr con la vida, y ésta con viajar. Como ya he dicho, estuve 5 meses en Asia y casi otro en Guatemala, y ahora vivo en Taiwán (por ahora...). Esto es algo que le hace sentir la vida, sus opciones, sus visicitudes y sus cuitas de una manera más relativa. Es curioso cómo el ver y mamar otros entornos, otras formas de vida y de organización, a través de extensas áreas de terreno, miles y miles de kilómetros, tranquilizan en cierta medida a uno mismo, haciendo los problemas y las tonterías de unos y otros algo más mezquino e insignificante, Claro, que cuando uno vuelve a sentar el culo, su cabeza fluye entre problemas y problemas, y se olvida de esa sensación de disfrute del presente. Y cuando uno se pone en marcha, a correr, de nuevo el presente cobra cuerpo en tu mente, sientes el paso a paso... para acabar en algunos casos, sintiendo una especie de metáfora vital sobre el avance y la superación. Paso de viajar y sentir que el mundo va a seguir dando vueltas sin nosotros y nuestras mezquindades, a sentir cada pulso, cada gota de sudor, cada adoquín y cada hoja caída a mi paso, finalizando en que la vida en parte es esto, y esto no es tan malo, mientras uno no pierda el norte ni se deje avasallar.

Claro, que luego están todas las cosas que nos rodean y que no podemos controlar... y que no tiene por qué ir bien. Entonces, también por escapar un poco de esa sensación, nos sumerjimos en un viaje enorme (si podemos), o nos bajamos a correr y sentir desde el músculo más pequeño a nuestros procesos mentales automáticos, desnudos ante una actividad tan primaria y repetitiva.

Por cierto, y ya para acabar... ¿de verdad nuestro cuerpo fue creado y evolucionó para adaptarnos a una silla y un escritorio, con un ordenador delante? Y la solución a esto... ¿seguro que es un gimnasio? yo por lo pronto, me voy a calzar ahora mismo las zapatillas.

PD: aunque no venga mucho a cuento, la foto es de una de mis "creaciones culinarias", hala, para disfrutar...

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 #1 Avatar de vainilla   vainilla   08/02/2011 a las 22:00
hmmm que buena pinta las verduritas...

 #2 Avatar de jesus   jesus   09/02/2011 a las 12:34
Pues sí, aunque dicho sea de paso, la zanahoria estaba más arrugada ya que un abuelo de esos que abandonan en las gasolineras, y tal... :D Saludos, y bienvenida.


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