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Avatar de jesus   jesus   14/02/2011 a las 18:34
Esa generación
Foto: Esa generación Llevaba unos días pensando en... bueno, en un poco de todo, pero también en el tema de la creatividad. En cómo está bastante más que justificado ese sentimiento de que ya está todo inventado, en lo difícil que es tener una idea que nadie haya tenido antes, en hacer una pirueta nueva, que no haya inventado ya alguien y se lleve repitiendo siglos.

En que somos demasiados, y la cosa ha llegado ya muy lejos. En cómo, a pesar de eso, repetimos y nos repetimos con descaro, sin ningún tipo de pudor. En que algunos soñábamos con hacer algo distinto, una fotografía, un relato, un poema, y con cierto hastío y desilusión comprobamos que lo que pensábamos que nos hacía si no geniales sí originales, no era más que un ingenuo lamento que formaba parte del coro, coro que hace de telón de fondo de aquellas piruetas, aquellas genialidades, de los que sí han logrado trascender época, tendencias mandamientos y contraculturas.

A algunos todo esto les da igual, por ceguera o por desvergüenza. Para algunos la pose o la egolatría son suficientemente fuertes como para no plantearse si sus palabras o sus legados, sobran.

No quiero ser ni radical ni injusto. Pienso que la expresión y el arte forman parte de eso que define al ser humano, diferenciándolo de alguna manera de otros animales. La voluntad, el sentido estético, la comunicación, la evocación, la transgresión y la devoción, volcados en cualquier medio artístico o de expresión, es algo que enriquece al hombre, que lo realiza como ser. Pero de ahí, a montarse un personaje que no deja de ser una fotocopia en blanco y negro, y asfixiar el ambiente con su obra, hay un largo camino lleno de bostezos e irritación.

Disfruté lo que pude de alguno de los antros donde en Madrid se podía subir a una especie de estrado de metro cuadrado dotado de micrófono, para dar la murga con tus chorradas literarias a la audiencia. Disfruté lo que duró, o mejor dicho, lo que me duró. Tuve la suerte o la desgracia de darme cuenta a tiempo de que me estaba repitiendo, y a pesar de que a veces las leo y no me causan vergüenza, sino que hasta me gustan, esas palabras compartidas ya salieron las veces suficientes de mi mano y mi boca (en ambos casos, describiendo caprichosas y extravagantes formas, a veces por la ingesta incontrolada de bebidas nocivas para la salud). Y estuvo bien, pero aparte de que se me secó la nuez, como yo llamo a mi cerebro a veces, también es cierto que uno imprime algo de su esencia en esas "obras". Y ya había demasiadas evidencias, y no eran suficientemente originales como para seguir ahondando en ello. Y me quité a tiempo, pues una retirada a tiempo es hasta una victoria, aunque sea una de esas victorias que no se entienden, una victoria moral. Que muchos otros no tuvieron ni quisieron de ninguna de las maneras.

Y sin embargo, el día en que la inspiración vuelva, volveré a jugar con ideas, imágenes y palabras, y el día que tenga el humor necesario, y más difícil por ahora, el día en que todo eso converja en Madrid, entonces me dejaré caer por el Bukowski club, o el Buko simplemente, según lo llamábamos, o por el que ha venido a sustituirle (bueno, esto es una larga y controvertida historia), Los Diablos Azules, y si no, pues a cualquier otro como por ejemplo El Badulaque... o cualquier otro, vaya.

Aunque esto ya no es una cuestión de si yo soy productivo o no, sino que también es una cuestión de aguante. Y es que con el tiempo, me he visto incapaz de aguantar la pedantería y la estupidez ajena. En pequeñas dosis es perfectamente digerible y perdonable. Pero cuando el ego se hincha demasiado en el escenario, o cuando la pose es demasiado chillona, en plan el Humphrey Bogart maldito de las letras, o la más guarra del local, o soy el más borracho de todos, o soy un esquizofrénico de las palabras carente de control, o soy el más canalla... o ¿he dicho la más guarra del local? quería decir la más puta.... bueno, entonces, con la excusa de que no aguanto el humo (lo cual es del todo cierto), entonces me salgo y algunas veces ni vuelvo a entrar. Escuchar idioteces, cuando encima son las mismas idioteces que ya has oído a viente memos que tenían cada vez menos más gracia, es desesperante. Y cuando se trata de mujeres, la poesía en un ochenta y cinco por cien de los casos, es absolutamente bochornosa y carente de gracia alguna. Da vergüenza ajena ver una por una a todas las tías que se suben al escenario hacer explícitas alusiones a su vida sexual (seguro que decorada de la manera más imaginativa que han podido), como diciendo "eh, mirarme, soy sexualmente una máquina, nadie se me resiste, y además se hablar como una puta cerda, porque no tengo vergüenza al hablar de las cosas naturales"... es algo lamentable. Tantas, han sido tantas, las que han hecho uso de las mismas palabras para decir las mismas sandeces mientras intentaban ponérnosla gorda al personal, que unas veces me da vergüenza ajena, otras veces me río, y otras veces, me voy directamente a la calle a pasar frío mientras pienso si es que no hay una sóla mujer que tenga pretensiones artísticas sin estar totalmente jodida de la cabeza y del coño.

Pero no todo es o fue malo. En lugares como el Club Bukoswki (o los Diablos Azules, o...),siempre hay alguna píldora, siempre hay algún relato, siempre alguna poesía o quizás una sóla estrofa, que nos hace estremecer, que nos hace soñar, que nos hace escapar. Y eso, y hacer algo estimulante, y refugiarnos de la idiotez del día a día, es algo que reconforta y que hace que merezca la pena dejarse caer por sitios así. Son muchos los que tienen o tuvieron algo que decir, si bien también la fruta madura se acabó echando a perder en alguno de los casos. Y no hablo del genial e incombustible Carlos Sálem, maestro de las grandes ceremonias de los pequeños soñadores, al que le tengo cierto respeto y admiración, por más que no me gustara la única novela que le leí (o no es mi género, o no es su mejor libro, o yo qué sé qué). Este tipo tiene la mirada y la palabra. Y evidentemente no me refiero a cómo te mira, sino a cómo mira antes de escribir (poco antes, o mucho, eso sólo lo sabe él, pero podemos suponer que es en general). Desde acá, gracias Sálem por haber montado las cosas que has montado, y por haber dejado caer tanta semilla... ¡a pesar de los cardos! El Buko fue definitivamente germen y caldo de cultivo de muchas cosas, pero sobre todo, un lugar donde jugar, expresar, evolucionar.

Y que conste que esto no es nada personal contra nadie ni nada, nada más lejos de la realidad. Es una simple divagación sobre la dificultad de ser creativo y singular a día de hoy, aunque acabe mencionando con deshonor aquello que a varios nos dio repelús alguna que otra vez. Es difícil dejar un micrófono abierto a cualquiera y que todo lo que se diga sea maravilloso, ingenioso y nuevo. Es, evidentemente, del todo imposible.

Vuelvo a la idea del principio... qué sensación, la de querer hacer algo, y ver que ya todo está inventado, todo está dicho...

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