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Avatar de jesus   jesus   26/05/2010 a las 23:47 Valoración: 1
China; ahí al fondo a la derecha
Foto: China; ahí al fondo a la derecha Los días despúes de quedarte en paro, porque no te renueven o te echen, son raros. Tienen algo de volver al pasado, por eso de poder salir a la calle un día entre diario a las 12 de la mañana, y poder pasear en vez de estar delante de un ordenador tirándote de los pelos.

Las noches tienen algo también que me recuerda al pasado, cuando a mitad de curso mi ya exiguo sentido de la responsabilidad empezaba a flaquear y deambulaba por la noche como un gato en celo, acompañado o queriendo estar acompañado de alguna gata en similar estado de anhelo.

Estas noches pasadas se me hacen raras. Acaba el día, y sin embargo, mi día no acaba, porque tengo la sensación de que ni tan siquiera ha pasado por la mitad de los puntos que debiera haber pasado para ser un día. El sol se ha puesto, pero yo no he hecho nada de valor... o sí, he hecho tal u otra cosa, pero... falta algo. Y me quedo en vela hasta las 3 o las 4 de la madrugada, sintiendo cómo el tiempo avanza, el planeta gira, la vida fluye, todo se mueve a mi alrededor y sin embargo siento un estatismo en mí que me atora. Y entonces, ya casi dormido, empiezo a rozar la sinrazón de mi persona en India, de mi persona en China. Y siento como un absurdo desasosegante el estar rodeado de personas extrañas, tan diferentes a mí y a todo lo que conozco, que hacen sus cosas en su país remoto e inescrutable, y me siento, en esta especie de alucinación, como un extraño extranjero al borde de convertirse en un vagabundo.

Es lo que tienen las vigilias: todo se puede convertir en símbolos histriónicos, pero vivídos, y apabullantes.

En cualquier caso, el hecho es que a veces se me hace raro. Pero otras, siento una ilusión tremenda de ver esos países remotos en toda su expresión real y exótica, y me entran unas ganas tremendas de estar ya allí, perdido, perdiéndome, riéndome del pérfido día a día al que estamos condenamos en la sociedad en que vivimos. Y siento una tremenda libertad, y una tremenda sed de libertad.

Ayer conocí a una jovecita china. Diversas tonterías nos llevaron a entablar una especie de conversación y a quedar más tarde. Pasamos una noche divertida, con un algo de magia, hablando de esto y de aquello, y me di cuenta de cuán preparada puede estar una persona de tan sólo 21 años, y qué perdido debo de andar yo para sentirme tan.... . A sus ojos, yo tenía 25 años. No estaría mal volver a tenerlos, pero el caso es que 4 años (perdón, casi 5) me pesan y separan de dicha edad. Mientras ella acabó su bachelor a la edad convenida, yo fui tan perro de necesitar un par de años más (uno para ciertas asignatuas que fui dejando, y otro más para... ¡un proyecto de fin de carrera de mierda!). Y de ahí en adelante, la guinda ha sido, o mejor, no ha sido, un intento de estudiar el grado superior...

Y hablando con ella, me entraron unas ganas tremendas de recorrer mundo, de perderme, de mezclarme con esa gente que acabas conociendo y apreciando, de convertirme en algo para lo que quizás todavía no estoy preparado para ser, de seguir un camino místico, de....

De irme a la puta China, pasando por India.

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